Hoy os quería subir algo distinto y se me ocurrió mostraros un trabajo que tuve que hacer para la asignatura de Ética el año pasado. A ver que os parece si os gusta dejad vuestro comentario y si no decidme que debo mejorar y lo haré. De todo corazón espero que os agrade mi relato. Andrea.
Los mejores años de mi vida:
Aún era invierno, el sol quería entrar por la ventana de la habitación pero había demasiada neblina en el horizonte; las ramas de los árboles se balanceaban de lado a lado como se mece la cuna de un bebé y eso me recuerda que no le he dado de amamantar al niño; casi siempre se me olvida, no tengo la costumbre de hacerlo. Me levanto y voy en dirección a la cuna pero ahí no hay nada, no lo entiendo, miro hacia todos los lados y no lo encuentro. En ese instante, siento una nítida luz que penetra en toda la habitación y me obliga a despertarme:
- Cariño, ¿estás bien?, estabas teniendo una pesadilla.
- Sí, estoy bien. Le digo a mi marido, pero la verdad es que me siento mareada e intento levantarme vomitando encima del suelo.
- Te dije que no fuéramos a esa reunión ayer que le podía hacer daño al bebé.
- Lo siento, le digo, pensaba que con dos embarazos ya pasados no me volvería a ocurrir.
- No importa, él me dice, ahora recuéstate y duerme que aún acaba de amanecer.
- Está bien. Momentos después, me vence el sueño hasta que de pronto me despierto, desconcertada miro el despertador, ya son las ocho y cuarenta, voy a llegar tarde a trabajar; me dispongo a levantarme y noto que estoy sangrando, empiezo a gritar, pero nadie me escucha y en ese instante pierdo el conocimiento.
Oigo voces pero no distingo ninguna, todos son susurros que mi cabeza no llega a descodificar, entonces noto que el sueño me invade de nuevo y no puedo pararlo.
Otra vez escucho ruidos, ahora más altos, intento abrir mis ojos, pero no lo consigo, solo escucho:
- El bebé está a salvo o no doctora.
- Aún está en riesgo señor pero haremos todo lo posible para salvarlos.
- Si es necesario podemos cambiarlos de hospital, por el dinero no se preocupe doctora.
- No hace falta, aquí tenemos todos los medios para atenderlos.
En ese momento, noto como mis parpados se empiezan a abrir y la luz de la habitación llena todos mis sentidos. Él me mira y empieza a sonreír, yo le devuelvo la sonrisa.
- ¿Cómo estás, cariño?
- Estoy bien, aunque un poco cansada.
- Debería de comer un poco -dijo la doctora- eso sería bueno para su salud. Bueno, los dejo solos, voy a buscar a la enfermera para que le traiga algo de comer.
- Gracias doctora. Ella mueve la cabeza en señal de aprobación y se va dejándonos solos. Entonces, él me rodea entre sus brazos y me dice:
- Estaba muy preocupado por ti.
- Lo sé, lo siento. No debería haberte acompañado a la reunión.
- Descuida no es tu culpa.
- Bueno eso ya paso, ahora lo que quiero es hablar de cosas felices ¿tú no?
- Claro que si cariño, como por ejemplo de que quieres hablar.
- Pues del día en que nos conocimos ¿te acuerdas?
- Como si fuera ayer y pronto ya hará doce años de ese momento.
- Fue el día más feliz de mi vida, después del nacimiento de nuestros hijos.
- ¡¡Ah sí!!
Me arrastra hacia él y me da un dulce beso en los labios; en ese momento empiezo a recordar cuando lo conocí (flashback):
Me dirigía a una entrevista de trabajo, ¡¡estaba tan nerviosa!!, sentía que mis piernas ya no eran mías, como si pertenecieran a otra persona, no podía evitar el hormigueo que sentía a medida que se acercaba la hora. Abrí la puerta y me encontré con la recepcionista que muy amablemente me invitó a tomar asiento mientras esperaba a que llegase mi entrevistador
Me senté en un cómodo sofá marrón de terciopelo y esperé a oír mi nombre. Cuando lo escuché, me levanté y dirigiéndome a la oficina, una mujer rubia me tiró el café encima de mi vestida nuevo, por ello, me dispuse a salir del edificio lo antes posible; con tan mala suerte de que en ese momento se me acercó un joven (se trataba del entrevistador y de “mi futuro marido”). Él me dijo que por favor perdonara la tardanza. Yo no daba articulado palabra ya que estaba embobada mirándolo. Entonces, nos dirigimos a una sala para hacerme la entrevista. Estando dentro, sentí que el aire me regresaba a los pulmones y noté que él a pesar de estar serio, en su mirada se deslumbraba una sonrisa que antes no tenía.
-A mí siempre me ha apasionado la Química. Por eso, me puse en contacto con su Laboratorio de Manhattan, que dicho sea de paso, es uno de los más prestigiosos del mundo.
- ¿En qué piensas_______ ? Me dice mi marido.
- En el día en que me hiciste la entrevista de trabajo. A partir de ahí empezó nuestra relación.
Llaman a la puerta. Es la enfermera que me trae algo para comer. Más tarde, llega la doctora y me hace una revisión; cuando termina, nos dice:
- Mañana podrá irse a su casa. Tanto usted como el bebé están en perfecto estado de salud.
Así fue, al día siguiente pudimos dejar el hospital y nos encaminamos de regreso a casa. Vivíamos en uno de los barrios residenciales más lujosos de todo Manhattan ya que mi marido (William) provenía de una familia muy adinerada; por ese motivo él estaba acostumbrada a grandes lujos, los cuales no eran muy buenos para la educación de nuestros hijos (William junior, Mia y en camino –Ana-) ya que ellos tenderían a ver lo fácil que es tener dinero sin esforzarse por conseguirlo; por ello, tratamos de inculcarles una serie de valores y de principios al margen del poder adquisitivo.
Al llegar, me encontré con todos nuestros familiares y amigos esperándonos en el jardín de nuestra hermosa casa para celebrar mi regreso y como no mi 37 cumpleaños. Mire a mi marido atónita por lo que acababa de ver; no me esperaba que se hubieran acordado de este día tan señalado para mí, ya que con todo lo que me había pasado estos últimos días, no me hubiera ni imaginado este recibimiento; por ello, me dispuse a bajar del auto y mi marido amablemente me abrió la puerta del coche, él extendió su mano para facilitar mi salida del vehículo; cuando estábamos afuera, mis hijos vinieron corriendo a darme un beso. Después de esto, nos adentramos al interior de la casa para la celebración; por ello, nos dirigimos al salón a cortar la tarta de mi cumpleaños y en el momento en el que todo el mundo estaba cantando “Feliz cumpleaños” y yo me disponía a soplar las velas vinieron a mi mente recuerdos pasados durante toda mi vida, desde mis primeros años de vida hasta el día de hoy, en el que me encuentro casada, con dos hijos y uno en camino, trabajando honradamente en un puesto fijo gracias a mi marido pues fue él quien me contrató como su ayudante de laboratorio. En ese instante, oí a mi marido decirme:
- Cariño, ¿no vas a soplar las velas?
Yo asentí con la cabeza y pedí tres deseos, antes de hacerlo -sabiendo que lo vivido en este preciso instante, igual no se volvería a repetir nunca más-; grabé esa imagen en mi cabeza para que así, cuando me hiciera mayor, se lo pudiera contar a mis nietos, bisnietos… y tener la gran dicha de decir que yo ____________ había conseguido tener una familia tan maravillosa que ni en los sueños más felices la hubiera podido vislumbrar con tanta nitidez como la sentía en ese momento.
¿Fin?